sábado, 24 de abril de 2010
UN ELEFANTE OCUPA MUCHO ESPACIO

UN ELEFANTE OCUPA MUCHO ESPACIO
Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar "en elefante", esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:
Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente
.-¿Te has vuelto loco, Víctor?- le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula. -¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!


La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:
-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas...
- ¿De qué te quejas, Víctor? -interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?
- Tú has nacido bajo la lona del circo... -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...
- ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? -gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.
- ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general...)
- Bah... Pamplinas... -se burló el león-. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?
- Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.
Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡hasta el león!
Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas. .. (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...)
De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:
- Los animales están sueltos!- gritaron acoro, antes de correr en busca de sus látigos.
- ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas!- les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.
- ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!
- ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.
- ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.
La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.
Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:
- ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!
- ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!
- ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! - gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?
El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:
- ... Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán... porque... o nos envían de regreso a nuestras selvas... o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.
Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de sem
ana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: En uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor... porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio...
En Un elefante ocupa mucho espacio. Elsa Bornemann. Editorial Alfaguara.
ESPERA DEL PEDRO CHANGA
ESPERA DEL PEDRO CHANGA
Lo soñaron jinete, carpintero,
capitán de las lluvias del verano;
de niño lo querían de oro nuevo,
minero del salar, sabio artesano.
Porque las madres juegan a la espiga,
húmedas sus canciones de milagro,
rodeando a sus niños de luciérnagas
en la tierna bandera del regazo.
Si uno le diera por tocar la pulpa,
lo más sobrellevado de los años,
haría fondo al fondo del anhelo
que el Pedro Changa se quedó esperando
con ese modo suyo de andar haciendo
cigarrillos y estibas de cansancio
hasta ponerse de humo y ser espeso
como el pájaro oscuro del tabaco.
No vale recordar lo adolescente,
lo que fue atravesar cañaverales
silbándose la luna que gemía
ceñida por la noche palpitante,
silbándose el vigor, lo mujeriego,
cantándose lo joven de la carne;
no vale recordar cómo es que muere
la verde brujería de la llama
gastada por lo pobre y sin camino
que le gastó la fuerza al Pedro Changa.
Fue a La Pampa en enero porque el trigo
había puesto de oro la distancia
y en marzo fue subiendo hasta las uvas
que el sol de Cuyo preña en las tonadas;
después entró al maíz, Santa Fe, arriba,
y desgranó sus dientes sin ganancia
cuando mayo tenía ya los ojos
amanecidos de violenta escarcha.
Julio lo vio trepar sobre los trenes
hacia el azúcar agrio de la zafra
y volverse algodón todo septiembre
con el Chaco colgado a las espaldas.
Caminos de jornal ha andado el Pedro
por todos los caminos de la patria
para volver al fin ya sospechando
que hay algo en todo esto que no anda,
por más que él ponga el hombro
y que sus manos
le hayan quedado anchas como el mapa.
La desocupación junta a los hombres
en la aurora trizada de la calle,
los ordena de gris, los alinea
con una misma espina atravesada.
Cada uno está solo con los otros
Buscándose cigarros y palabras
mientras se cuentan hijos y decesos
y pormenores de la mala pata.
Entonces se le ve la traza al Pedro
fumándose hasta el pucho la esperanza,
apoyado en los hombros del silencio
y buscando salidas a sus ganas.
Armando Tejada Gómez
Lo soñaron jinete, carpintero,
capitán de las lluvias del verano;
de niño lo querían de oro nuevo,
minero del salar, sabio artesano.
Porque las madres juegan a la espiga,
húmedas sus canciones de milagro,
rodeando a sus niños de luciérnagas
en la tierna bandera del regazo.
Si uno le diera por tocar la pulpa,
lo más sobrellevado de los años,
haría fondo al fondo del anhelo
que el Pedro Changa se quedó esperando
con ese modo suyo de andar haciendo
cigarrillos y estibas de cansancio
hasta ponerse de humo y ser espeso
como el pájaro oscuro del tabaco.
No vale recordar lo adolescente,
lo que fue atravesar cañaverales
silbándose la luna que gemía
ceñida por la noche palpitante,
silbándose el vigor, lo mujeriego,
cantándose lo joven de la carne;
no vale recordar cómo es que muere
la verde brujería de la llama
gastada por lo pobre y sin camino
que le gastó la fuerza al Pedro Changa.
Fue a La Pampa en enero porque el trigo
había puesto de oro la distancia
y en marzo fue subiendo hasta las uvas
que el sol de Cuyo preña en las tonadas;
después entró al maíz, Santa Fe, arriba,
y desgranó sus dientes sin ganancia
cuando mayo tenía ya los ojos
amanecidos de violenta escarcha.
Julio lo vio trepar sobre los trenes
hacia el azúcar agrio de la zafra
y volverse algodón todo septiembre
con el Chaco colgado a las espaldas.
Caminos de jornal ha andado el Pedro
por todos los caminos de la patria
para volver al fin ya sospechando
que hay algo en todo esto que no anda,
por más que él ponga el hombro
y que sus manos
le hayan quedado anchas como el mapa.
La desocupación junta a los hombres
en la aurora trizada de la calle,
los ordena de gris, los alinea
con una misma espina atravesada.
Cada uno está solo con los otros
Buscándose cigarros y palabras
mientras se cuentan hijos y decesos
y pormenores de la mala pata.
Entonces se le ve la traza al Pedro
fumándose hasta el pucho la esperanza,
apoyado en los hombros del silencio
y buscando salidas a sus ganas.
Armando Tejada Gómez
HUELGA EN LA CONSTRUCCIÓN
HUELGA EN LA CONSTRUCCIÓN
Ni el vino fuerte de los mediodías
tomado al viento.
Ni la escalera, el sol, el aire.
Sobre el andamio está de pie el silencio.
Los hombres se miraron despacito
del corazón al hueso.
Se tocaron la muerte más abajo.
Decidieron.
Tal vez María llore estos asuntos.
Llorará para adentro.
Se ha de secar la cara con la noche.
El hombre no sabrá, una pena de menos.
El hombre mirará sus manos quietas,
dirá tengo o no tengo.
Crecerá de cojones para arriba,
puro de nuevo.
Puro esta vez que hay vino en el hermano,
pedacitos de pan en los ojos de Pedro.
En virtud de esta cosa
suele volverle el niño desde el pecho.
En virtud de esta cosa
el silencio de pie sobre el andamio
se sacaba el sombrero.
Juan Gelman
Ni el vino fuerte de los mediodías
tomado al viento.
Ni la escalera, el sol, el aire.
Sobre el andamio está de pie el silencio.
Los hombres se miraron despacito
del corazón al hueso.
Se tocaron la muerte más abajo.
Decidieron.
Tal vez María llore estos asuntos.
Llorará para adentro.
Se ha de secar la cara con la noche.
El hombre no sabrá, una pena de menos.
El hombre mirará sus manos quietas,
dirá tengo o no tengo.
Crecerá de cojones para arriba,
puro de nuevo.
Puro esta vez que hay vino en el hermano,
pedacitos de pan en los ojos de Pedro.
En virtud de esta cosa
suele volverle el niño desde el pecho.
En virtud de esta cosa
el silencio de pie sobre el andamio
se sacaba el sombrero.
Juan Gelman
PARA TODO TRABAJO
PARA TODO TRABAJO
Elvio Romero
Para todo trabajo,
señor,
fieros y competentes en puntear las reses
y en talar quebrachales,
repuntar en los montes la cerrazón del alba,
regar las hortalizas secas en el verano,
desbravar alazanes indomables,
apagar la humareda del noroeste triste.
Para todo trabajo,
Señor.
Venimos
de los atajos hondos,
de los gritos tajantes en las encrucijadas,
de torvos sucedidos en madrugadas altas
de luceros,
del filo servicial de los puñales,
de aguaceros calientes, obrajes y fronteras.
Para todo trabajo,
Señor;
seguir, rastrear las huellas
de jaguares cebados en un silencio oscuro,
pastorear las lluvias que apresan los follajes,
empujar las tormentas sobre las cordilleras.
Venimos
de medir el jadeo de las bestias;
del hambre, el hambre, el hambre, negro chacal del pecho,
de las llanuras áridas, sedientas,
del músculo asogado sobre un puño anhelante.
Para todo trabajo,
Señor.
Y para un día sacudir
la afrenta
y la orquídea de sangre en las palmeras,
y con mano afilada por serpientes corales
llamar a los descalzos,
y desgranar maíces de sonrisa amarilla
y a grandes pasos verdes apisonar los valles.
¡Para todo trabajo, señor!
Elvio Romero
Para todo trabajo,
señor,
fieros y competentes en puntear las reses
y en talar quebrachales,
repuntar en los montes la cerrazón del alba,
regar las hortalizas secas en el verano,
desbravar alazanes indomables,
apagar la humareda del noroeste triste.
Para todo trabajo,
Señor.
Venimos
de los atajos hondos,
de los gritos tajantes en las encrucijadas,
de torvos sucedidos en madrugadas altas
de luceros,
del filo servicial de los puñales,
de aguaceros calientes, obrajes y fronteras.
Para todo trabajo,
Señor;
seguir, rastrear las huellas
de jaguares cebados en un silencio oscuro,
pastorear las lluvias que apresan los follajes,
empujar las tormentas sobre las cordilleras.
Venimos
de medir el jadeo de las bestias;
del hambre, el hambre, el hambre, negro chacal del pecho,
de las llanuras áridas, sedientas,
del músculo asogado sobre un puño anhelante.
Para todo trabajo,
Señor.
Y para un día sacudir
la afrenta
y la orquídea de sangre en las palmeras,
y con mano afilada por serpientes corales
llamar a los descalzos,
y desgranar maíces de sonrisa amarilla
y a grandes pasos verdes apisonar los valles.
¡Para todo trabajo, señor!
ACEITUNEROS
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
Miguel Hernández
Miguel Hernández. Poeta español. Nació en 1910 en una austera familia de campesinos de Orihuela. Fue en gran medida autodidacta. Su poesía cuenta con la influencia tanto de clásicos españoles como Góngora o Quevedo, como de contemporáneos: Lorca y Alberti. Fue combatiente voluntario en la Guerra Civil Española. Murió en prisión en 1942, producto de una tuberculosis contraída en cárceles del franquismo y sin haber recibido atención médica.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
Miguel Hernández
Miguel Hernández. Poeta español. Nació en 1910 en una austera familia de campesinos de Orihuela. Fue en gran medida autodidacta. Su poesía cuenta con la influencia tanto de clásicos españoles como Góngora o Quevedo, como de contemporáneos: Lorca y Alberti. Fue combatiente voluntario en la Guerra Civil Española. Murió en prisión en 1942, producto de una tuberculosis contraída en cárceles del franquismo y sin haber recibido atención médica.
Acta
ACTA
En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.
Roque Dalton
Roque Dalton. Poeta salvadoreño nacido en 1935. Conjugó el compromiso social con innovaciones estéticas en su poesía, dando lugar en ella a mezclas de estilos y de voces, e incluyendo de manera estetizada modismos y usos coloquiales de Centroamérica. Su militancia en la izquierda salvadoreña le valió la cárcel en más de una ocasión. Participó en la lucha armada en su país. Fue asesinado en 1975, al ser traicionado por un grupo de su propia organización al servicio de la CIA.
En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.
Roque Dalton
Roque Dalton. Poeta salvadoreño nacido en 1935. Conjugó el compromiso social con innovaciones estéticas en su poesía, dando lugar en ella a mezclas de estilos y de voces, e incluyendo de manera estetizada modismos y usos coloquiales de Centroamérica. Su militancia en la izquierda salvadoreña le valió la cárcel en más de una ocasión. Participó en la lucha armada en su país. Fue asesinado en 1975, al ser traicionado por un grupo de su propia organización al servicio de la CIA.
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